sábado, 14 de abril de 2012

LA SEGURIDAD EN NUESTRAS CALLES. NO HAY QUE MAGNIFICAR LOS ACTOS DELICTIVOS. CONFUNDÍ UN BALAZO CON UN ESTALLIDO DE LLANTA.

Retornaba del centro de Lima a mi apacible domicilio en la urbanización Santa Isabel en Carabayllo. Fue el día de la nueva debacle futbolística de nuestra selección ante Chile. Durante el trayecto de regreso, me enteraba por la radio, audífonos en acción,  del alentador primer tiempo. Bajé del ómnibus y siempre en la sintonía de la emisora que realizaba la transmisión. Al salir de un pasaje que me lleva a la calle en la que se ubica mi residencia, sentí un tremendo sonido que confundí con aquellas explosiones de los carros.

Los audífonos no me permitían estar en la realidad. Una moto taxi, muchas personas al rededor y yo para nada me distraje con el pequeño alboroto. Mi meta era llegar a casa y ver el segundo tiempo en la "tele". Pensaba en "el mago", el entrenador uruguayo que se lleva buenos billetes y que nos da esperanzas con sus declaraciones. Ya no le creo. No por que tenga la culpa. Simplemente que está utilizando a los "ases" que ya fracasaron y los de nuestro fútbol que, con sus problemas económicos, nada aporta.

Caminé raudamente y encontré en la puerta de su hogar a un estimado vecino. Me quité los audífonos y me hace la pregunta ¿Qué fue? Le respondí, completa,mente fuera de lugar, "lo mismo de siempre·". No advertí que se refería al tremendo estallido y pensé que estaba interesado en la selección. Me despedí rápidamente, ingresé a mi hogar, saludé al paso y prendí el televisor. Ya teníamos un gol en contra. Dije:  "qué razón tenía mi amigo de estar desalentado con el el juego de nuestros muchachos".

Las caras de mi esposa e hija eran de preocupación. ¡Qué raro! Si a ellas no les interesa el fútbol. Me preguntaron si había sentido el balazo. Sin tomar mucho interés a la pregunta, les contesté que era el estallido procedente de un carro y, de pronto, una llanta reventada. No se preocupen. No ha sido nada. Me soplé todo el segundo tiempo de tan deslucido encuentro futbolero, cené con muy pocos deseos y me dispuse a contestar mis correos y disfrutar del entretenimiento del Internet.

Pasaron las horas y puse las noticias. Como de costumbre puras notas policiales y lo mismo de todos los días. De pronto se nombra Santa Isabel y la calle "Los Narcisos". Con todo el escándalo con el que se magnifican las informaciones de este tipo, se da cuenta de un asalto a una dama. La quitaron sus bolsos y paquetes. El vehículo utilizado para tal fin, una moto taxi. Quién sabe el disparo al aire fue ejecutado para que no interviniéramos nosotros que, distraídos, oíamos el partido.

Me salvaron los audífonos y mi poca visión nocturna. Pasé como si nada hubiera sucedido. ¡Qué serenidad! Esto que nos ha sucedido nos llama a una reflexión. Cuánto ganaríamos los peruanos si no nos enteramos de las desagradables noticias policiales por la televisión. Aquel suceso que no tuve la desgracia de percibir, no tenía el más mínimo interés público. Pero así es el periodismo. Todo lo infla. Lo único malo es que no hay seguridad ni por mi tranquilo barrio. Gracias.

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